Me imagino vestida de rojo, sentada en un banco, esperando.

Puede ser que el viento haga mecer mi pelo lentamente, y mis ojos se encharquen por el fresco del aire alborotado. Quiza mire a uno y a otro lado, nerviosa e impaciente por ver si estás cerca.

Miraré mis manos, fingiré mirar la hora pese a no usar reloj nunca, y me preguntaré cuánto queda para que llegues. ¿Habrás salido ya? ¿Estarás ya en camino? Casi me lo imagino: veo una silueta, la tuya, de lejos, alta, de paso ligero pero tranquilo, impaciente pero sereno. Veo tus manos y ya las noto en mi cuerpo, siento un escalofrío, tus ojos me miran, lo sé aunque no lo vea, aunque sólo seas una sombra, sí, me miras. Siempre lo haces. Sonríes. Debes de sonreír, te alegras de estar a pocos pasos, ¿cómo no ibas a estar feliz? ¿Cómo no iba a estarlo yo?

Pero no. No apareces. Giro la cabeza y observo el banco dónde estoy sentada. Está viejo, quebrado por algunos extremos, lleva años ahí plantado. Como yo, pensaré. Aburrido, seguramente, su único destino es estar en este lugar, un lugar olvidado o recordado por alguien, un lugar sombrío, lleno de árboles, de flores, algunas muertas.

Suspiro. ¿Y si no llegas nunca? Me desespera ese pensamiento. ¿Sola eternamente, hasta el final de mis días? Un escalofrío. Después... nada. Sigo ahí. Sigo aquí.

¿Y si no te sabes el camino? Puede que te hayas perdido... ¿Y si te has cansado de buscar y también estás sentado en otro lugar? ¿Y si ya no existes? Podría pasar...

El suelo está lleno de hojas. De hojas. De hojas. Todo lleno. Miro al cielo. Oscuridad. Para variar.

Debería levantarme. Sí. O no. Bueno, seguramente, con la suerte que tengo, me levantaría, me alejaría de este lugar y tú, justo cuando ya no estuviera, aparecerías. Sí. Estoy segura.

Entonces, ¿me voy, o me quedo? He buscado, te he esperado. Puede que tú no me estés buscando, ni quieras encontrarme. En ese caso...

Mis pies tocan el suelo, voy a impulsarme, voy a levantarme. Una lágrima. Sólo una. No más. Cierro los ojos fuertemente, aprieto los puños. Estaré de pie y escogeré un sentido. Izquierda. Derecha. Uno cualquiera. Lo seguiré, andaré, me volveré sólo una vez y como no veré nada más que un fondo vacío mis pies me ordenarán seguir adelante, aunque sea sola, aunque sea sin ti.

Me iré. Sí. Me iré y no volveré.

Puede que estés en otro lugar. En un lugar que sólo yo sé... Tendré que buscar.

 By: A.S.